Get Adobe Flash player

El único dogma es el marxismo cultural

Share

Hace unas semanas, el Tribunal Constitucional dio por buena la definición de “matrimonio” para las uniones de parejas del mismo sexo. Los defensores de la medida se han mostrado a sí mismos como una especie de libre-pensadores independientes frente a los que se oponen a la misma, que son acusados de ser intransigentes que defienden “dogmas”.

No vamos a entrar en las razones jurídicas o éticas que existen para oponerse a la medida del Tribunal Constitucional. Sólo diremos que ser contrario al llamado matrimonio homosexual no tiene nada que ver con la “homofobia”, una cosa es la persona homosexual y otra muy diferente la ideología homosexualista. Vamos a intentar explicar el contexto en el cual hemos llegado hasta aquí, ya que es vital para entender lo que está pasando, y para ello hemos de tener una visión más amplia del tema, porque si nos ceñimos sólo al tema del llamado matrimonio homosexual, no entenderemos nada.

Para entenderlo hay que ir a los años 20 del siglo pasado, cuando un grupo de intelectuales marxistas crearon un centro de pensamiento llamado Escuela de Frankfurt. Tras la Primera Guerra Mundial, guiados por las ideas de Antonio Gramsci, llegaron a la conclusión de que lo que estaban haciendo los comunistas en la URSS era un error, ya que estaban imponiendo sus ideas a través de la fuerza bruta, algo que a largo plazo no resultaría. Mejor estrategia resultaría convencer a las masas de sus ideas a través de la propaganda, tanto mediante el sistema educativo como a través de los medios de comunicación. Empezaron su proyecto pero, con la llegada del nazismo al poder en Alemania, los miembros de la Escuela de Frankfurt tuvieron que marcharse del país ya que, además de comunistas, muchos de ellos eran de origen judío. Su plan se vio de momento frenado.

Pero al acabar la Segunda Guerra Mundial volvieron a la carga, esta vez desde los Estados Unidos, país al que emigraron. Empezaron a alcanzar puestos de relevancia en las Universidades a las que asistían millones de jóvenes, empezaron también a tener apoyo en cine, radios, periódicos y televisiones, sus libros y sus discos se editaban por millones. El dinero y el apoyo venían del lobby sionista, que compartía los mismos puntos de vista que la Escuela de Frankfurt. Además, algo había cambiado en su ideología, ya no se trataba de “liberar al proletariado” sino de destruir a la civilización occidental cristiana, muy arraigada en la población, por lo que era un obstáculo para los fines de la Escuela. Así, pasaron de un marxismo económico a otro cultural y, si lo que se pretendía era destruir al Occidente cristiano, su propaganda tenía que ir dirigida contra los puntos principales de éste: anti-cristianismo, auto-odio, defensa de la inmigración, multiculturalismo (odio a la cultura europea) anti-racismo (racismo anti-europeo), feminismo radical y homosexualidad, aborto libre, drogas, sexo libre, ridiculización de la familia y de la maternidad, “progresismo” idiota defensor del “mundo sin banderas ni fronteras” etc,etc.

Tras más de cincuenta años de propaganda y varias generaciones educadas en dichos valores, el marxismo cultural se ha convertido en la religión del siglo veintiuno. Tiene sus sacerdotes y sus inquisidores. Se silencian las opiniones que vayan en contra de sus “dogmas”. Si no es suficiente, el siguiente paso es una campaña personal contra el “hereje” con las habituales “condenas”: ultraderechista, homófobo, racista... pero si no es suficiente todavía, entonces decretan “leyes contra el odio” y te acaban echando de tu profesión como al juez Ferrán Calamita, metiéndote en la cárcel como a Pedro Varela o retirando los libros “prohibidos” de las tiendas. Tras varios ejemplos como estos, los disidentes entienden el mensaje.

Como religión, el marxismo cultural está en toda la prensa (caso especial es Tele-5, donde el lobby gay tiene el poder absoluto) y en todos los partidos, incluido por supuesto, el PP.

Curiosamente, es el PP madrileño (el más “capitalista”) el mayor promotor del movimiento gay, al que financia todos los años la manifestación del Orgullo Gay y al que apoya abiertamente en sus reivindicaciones, como ha hecho en más de una ocasión Esperanza Aguirre. El PP estaba loco porque el TC diera el visto bueno a la ley... ¡¡que ellos mismos habían recurrido!!, creyendo que así se va a cerrar el tema, con lo que siguen sin enterarse de nada. La experiencia demuestra que el marxismo cultural es una demencial huída hacia adelante sin frenos.

Después del “matrimonio” homosexual, vendrá la ofensiva para legalizar el incesto, la poligamia e incluso la pedofilia ¿qué harán entonces en el PP? ¿seguirán mirando para otro lado?

Se nos presenta el matrimonio homosexual como una “demanda de la sociedad”, lo que no es cierto en absoluto. Se trata de imponer una oculta agenda internacional a todas las naciones. Si de verdad les importaran las “demandas de la sociedad” ¿por qué no controlan la inmigración masiva? ¿por qué siguen tomando medidas económicas que machacan a la mayoría de la población? Esas sí que son una auténtica demanda social, pero en cambio las desprecian olímpicamente.

A todos aquellos a los que le extraña que digamos que en el actual mundo capitalista la religión oficial sea el marxismo cultural, les decimos que la Guerra Fría no acabó con la victoria del capitalismo, sino en un empate con reparto de papeles: el capitalismo se llevó la economía y el marxismo la cultura. Llamativa contradicción es que al mismo tiempo que, desde los años 60, el mundo capitalista iba asimilando el marxismo cultural, el aparente mundo comunista de Europa del Este lo iba rechazando, llegando a la situación actual, donde Europa del Este es la última barrera de Occidente contra el marxismo cultural, en especial Rusia, mientras que en USA o Europa Occidental, son los ultra-capitalistas como la Fundación Rockefeller o Goldman Sachs los que promueven al movimiento gay.

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar