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¿Es Cataluña una “nación de mil años”?

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Esto es lo que repiten una y otra vez los independentistas catalanes como argumento para justificar sus demandas secesionistas. Parten del año 988, por lo que el supuesto milenario se cumplió en 1988. Pero ¿es realmente así? ¿Es Cataluña una “nación de mil años”? La primera trampa de la historiografía independentista es empezar a relatar la historia catalana prácticamente siempre después de la ocupación islámica, casi nunca antes. De esta manera, se saltan nada más y nada menos que 900 años de historia común.

Desde el año 206 antes de Cristo hasta el 711, la actual Cataluña formó parte primero de la Hispania romana y después de la Hispania visigoda. Además, Tarraco (Tarragona) se convertía en la capital de la Hispania Citerior romana, y más tarde Barcino (Barcelona) se convirtió en la primera capital de la España visigoda.

Esta España visigoda implosiona tras la ocupación islámica del año 711. La resistencia de la población hispano-goda que vivía en la actual Cataluña a la ocupación fue prácticamente inexistente, por lo que dicho territorio fue entregado a los musulmanes de manera pactada. Pero los ocupantes islámicos siguieron su marcha hacia el norte más allá de los Pirineos, siendo frenados por los franco-carolingios. Para evitar futuras invasiones, los francos, con la ayuda de refugiados hispano-godos, atravesaron los Pirineos hacia el sur y lograron crear un territorio-tapón para frenar a los islámicos, al que llamaron Marca Hispánica, que estaba dividida a su vez en condados. Esa Marca no contenía la totalidad de la actual Cataluña, una parte del actual sur catalán (Catalunya Nova) continuó bajo ocupación islámica durante siglos.

A partir de ese momento, los condes gobernantes, que estaban bajo el vasallaje de los francos, llevaron a cabo una política de equidistancia entre éstos y los musulmanes. Llegamos así al año 988. Tres años antes, el integrista islámico Almanzor había arrasado Barcelona, ante la pasividad de los francos, que recelaban de la política de amistad de los condes hacia los musulmanes. En esas circunstancias, Borrell II, conde de Barcelona (y además Duque de Gothia, Duque de Iberia y Duque de la Hispania Citerior) pidió ayuda al rey de los francos Hugo Capeto, que respondió con una carta emplazando a Borrell II a una reunión en Aquitania (actual sur-oeste de Francia) para que dicho conde le rindiera vasallaje, y así despejar las dudas sobre su fidelidad que tenía el rey franco.

¿Qué pasó entonces? Pues que esa reunión no tuvo lugar, pero no fue porque Borrel II se negara a rendir vasallaje al rey franco en un gesto de rebeldía, sino que dicho rey no pudo acudir a la cita debido a una rebelión dinástica dirigida por su propio hermano al norte del reino. Esa rebelión le mantuvo ocupado durante tres años, hasta 991. Borrell II nunca se negó formalmente a rendir vasallaje a Hugo Capeto, algo que no tendría sentido tres años después del ataque islámico por parte de Almanzor, por lo que los condados necesitaban la ayuda de los francos. En estas circunstancias, atribuir el nacimiento de la “nación catalana” al simple hecho de que la reunión entre el rey franco y el conde Borrel II no se produjera, es algo bastante arriesgado, aun aceptando que gradualmente los condes fueron gobernando con más autonomía.

Aún así, los condados (que seguían sin ser “catalanes”, ya que esa denominación no aparece hasta el siglo XII) siguieron perteneciendo legalmente a Francia hasta el Tratado de Corbeil de 1258. En dicho tratado, el rey francés Luis IX renuncia a sus derechos sobre los condados del sur de los Pirineos mientras que Jaime I de Aragón renunciaba a su vez a casi todos los condados del norte de los Pirineos. Curioso rey Jaime I, además de rey de Aragón, lo era  de las Mallorcas y de Valencia, conde de Barcelona y Urgel y señor de Montpellier. Es uno de los iconos del separatismo catalán, cuando pocos reyes aragoneses fueron más españoles que él. Durante su reinado, la Reconquista hispánica tuvo un avance espectacular, debido al empuje coordinado de Aragón y Castilla. No fue casual que Córdoba y Valencia se reconquistaran casi al mismo tiempo. Jaime I escribió a su yerno Alfonso X de Castilla y León diciendo “Nos ho fem la primera cosa per Déu, la segona per salvar Espanya” (Lo hacemos primero por Dios, segundo para salvar a España)

En 1258, los condados catalanes (norte y este de la actual Cataluña) se separaban legalmente de Francia, no para formar la entidad política que es hoy, porque seguirían siendo condados separados y tampoco para independizarse, sino para unirse a la Corona de Aragón, de la cual ya formaban parte el condado de Barcelona y parte del actual territorio de Lérida y de Tarragona. Hasta ese año 1258, Cataluña estaba partida en dos, una pertenecía jurídicamente a Francia y la otra a Aragón. Quizá es ese año 1258 el que deberían señalar los catalanistas como el inicio real de Cataluña, pero en 1988 Jordi Pujol no podía esperar tanto tiempo. Necesitaba un golpe de efecto antes de las olimpiadas de 1992 y tuvo que recurrir a un hecho más que confuso, tanto jurídica como históricamente, para llevar a cabo sus planes.

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