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PANEM ET CIRCENSES

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Hace ya casi dos milenios el poeta Juvenal, en pleno esplendor de Roma, escribió la frase “panem et circenses” (pan y juegos del circo). Esto definía una práctica usada desde los tiempos del grandioso emperador Julio Cesar hasta después del gobierno del emperador Aureliano consistente en repartir gratuitamente el sustento básico de alimentos y la organización de grandiosos espectáculos para mantener doblegada una ciudadanía que había perdido todo interés por la política y las decisiones del Estado, a pesar de que dichas decisiones afectarían a su próspero modo de vida y al legado que el Imperio de Roma dejó a la humanidad.

Desgraciadamente, en estos cientos de años transcurridos, la situación de Europa no ha cambiado para bien, al contrario esta práctica ha degenerado hasta límites insospechados.

Bien es sabida, y no creo que ninguno de los lectores lo ponga en duda, la capacidad de gobierno de Roma respecto a sus dotes de mando y liderazgo y es tan claro como el agua cristalina el amor que la mayoría de los líderes romanos tenían por conquistar y ser los portadores de la civilización y el progreso que construyó los pilares de Europa, la que hoy día conocemos, una Roma que nos dejó uno de los mejores legados que cualquier civilización antigua haya dejado jamás.

Muy distintas son las “cualidades” de los pretendientes a líder, por no hacer mención de que estos carecen de amor alguno a la patria y el único legado que pretenden es acumular riquezas personales para sí mismos y sus más allegados. Lo que sí es exactamente igual que en aquella época es el desinterés y la ignorancia de la ciudadanía acerca de las cuestiones de Estado, limitándose siempre a repetir hasta creerse la opinión que desde los medios televisivos quieren que el ciudadano crea, y para que no piense demasiado entre medias le adormecen con el circo; un circo que a diferencia de antaño es rancio, cutre, falto de épica y que contribuye a destruir los valores morales de la ciudadanía, dinamitando cualquier resto de moralidad y ética que pudiese haber quedado en el ciudadano, tarea bien fácil pues ya, de modo totalmente premeditado, el sistema educativo se encarga de reescribir la historia y borrar los renglones que le resultan incómodos.

Este circo actual ya no necesita de Coliseos para llegar al ciudadano; en todo momento entra en nuestras casas -y en nosotros- a través de los televisores y los modernos y castrantes dispositivos móviles, cumpliendo la visión apocalíptica que George Orwell relataba en 1984, en donde el Gran Hermano sabe todo de nosotros, donde el Gran Hermano nos vigila; y para postre lo peor de todo, el Gran hermano nos dice cómo debemos pensar.

Todo aquel que haya tenido formación y experiencia en ventas sabe que uno de los métodos de manual para enfocar el pensamiento del objetivo al que se quiere llegar consiste, básicamente, en que para vender un único producto al objetivo se le deben presentar dos cualidades que dicho producto cumpla y hacerle elegir entre una u otra. De este modo, dando dos únicas opciones, o cientos de ellas, el producto que se vende es el mismo, la única diferencia estriba en la presentación y el enfoque, pero se garantiza el éxito porque la respuesta siempre será asertiva. Es por este motivo por el que todos, absolutamente todos los partidos que hoy pugnan por el poder y hacen ó pretenden el uso del circo y sus medios de atontamiento, juran y prometen fidelidad y acatar lo mismo, la Constitución de 1978, y ya sabemos de sobra que cualquier enfrentamiento con el poder y sus tentáculos para hacer una reforma total de ese panfleto es censurado y probablemente criminalizado.

Dejando claro entonces que aunque cambie el gestor el producto a gestionar es el mismo y no quieren dejar que esto cambie. Nos venden y nos fuerzan a seguir unos ideales en donde la opción de elegir uno u otro no es nada más que el modo para excusarse y tapar las responsabilidades de los dirigentes, culpándonos a la ciudadanía de ser los responsables de nuestros males, nosotros los votamos.

Todo camarada que haciendo uso libre de nuestro pensamiento crítico se resigne a seguir las pautas marcadas sabe que será marcado y vigilado, condenado al ostracismo y a llevar una vida llena de sacrificios. Ellos saben que no nos importa y por este motivo podremos llegar a ser perseguidos y a sufrir el acoso y las injurias. Nos condena en otro sistema apocalíptico como el Aldous Huxley nos describía en su novela “Un mundo feliz”.

Siempre la realidad supera a la ficción y para combatir al enemigo que nos esclaviza y que cuyo único fin es nuestra dominación, no solo debemos de ser fuertes, debemos sin duda dejar de consumir su circo, demostrar a todo aquel con quien hablemos que existen otras opciones diferentes, no solo diferentes a las que nos presentan para vendernos, es necesario demostrar que lo que ambos nos venden es lo mismo y que no tiene por que serlo. A lo largo de la historia en cientos de naciones soberanas existieron constituciones en las que se sostenía todo el estado, constituciones que en su momento desaparecieron y en gran parte de sus casos fue para mejor. Por eso os invito a todos lectores, que penséis, que no aceptéis como válida cualquier opción por bonita que os la vendan en los telediarios, que antes de consumir el circo ponzoñoso con el que nos bombardean, consideremos la opción de apagar la TV y leer para educarnos teniendo claro que somos nuestros antepasados, nuestras familias, nuestras tierras y que todos los que ahora quieren destruir esto son, sin duda, nuestros enemigos.