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El discurso del Rey: Sin perdón

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El otro día mientras me duchaba elaboré una humilde crítica al tradicional mensaje navideño de Su Majestad. Helo aquí.

Sin perdón, Majestad, porque nadie debe pedir perdón por decir la verdad.

Ha centrado usted su discurso, cómo no, en la crisis económica cuando usted, Majestad, carece del derecho moral a hablar de ella. En primer lugar porque ni usted ni su familia la sufren, y en segundo lugar, y más importante, porque en todo este tiempo nada ha hecho para evitarla. Usted ha sido cómplice, con su silencio e inactividad, de los sucesivos gobiernos marxistas y neoliberales que nos han llevado a esta situación. Usted, Majestad, ha sido como el tornillo que une las dos hojas de una tijera, inmóvil e inerte. ¡Ni pincha ni corta! Pero piense, Majestad, que esa pequeña pieza es la que ha permitido el movimiento de las dos cuchillas que han ido cercenando y desangrando la Nación Española.

Su Majestad dice mostrarse preocupado por el desapego entre el pueblo y la clase dirigente, entre la que por supuesto Usted se incluye. Muy corto se ha quedado, Majestad, pues hace tiempo que ese desapego se ha convertido en inquina y rabia. Y además, Majestad, su obligación no es preocuparse por España, sino ocuparse de ella.

Usted nos pide que miremos hacia delante cuando adelante es en la única dirección en la que el pueblo no quiere mirar. El parado mira hacia abajo, humillado y olvidado por aquellos que juraron defenderle. El nostálgico mira hacia atrás, recordando esos tiempos malditos en que los españoles tenían trabajo, sanidad y justicia. Y los patriotas miramos hacia arriba, donde se sitúan nuestros podridos dirigentes, porque nos gusta mirar de frente al enemigo.

Por último, Majestad, ha hablado usted sólo de economía, cuando bien sabe que es mucho más: es una crisis moral. Pero en este caso su silencio le honra, pues hablar de moral con una Infanta que no ha sido procesada por esa Justicia "IgualParaTodos" gracias a ser quien es, y con una futura Reina de España dispuesta a sacrificarse por la Nación a base de un "microlifting" tras otro, hubiera sobrepasado con creces el límite del mal gusto.

Pero para que no todo sean críticas negativas, Majestad, los cambios de cámara le han salido realmente bien.

¡Enhorabuena!

LENI