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La batalla de "El Caney"

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La lucha por mantener nuestras colonias en los años finales del siglo XIX, la Guerra contra Estados Unidos en Cuba; las Filipinas… grandes guerras, y también grandes desconocidas para el español dentro de nuestra Historia Militar, no por ello exentas de pruebas de Valor y Heroísmo, tan propias de nuestros soldados, como bien solemos demostrar a lo largo y ancho de todo el orbe conocido. La derrota del “desastre del 98” cayó sobre nuestra sociedad como una losa, pese a conservarse intacto el Honor de nuestras Fuerzas Armadas que, como siempre, mantuvieron el pabellón nacional bien alto... como es nuestra costumbre… como no sabemos hacer de otra manera… Hasta el FIN. Ahí os dejamos un ejemplo, un muy honroso ejemplo en la batalla de “El Caney”.

En la madrugada del día 1 de julio de 1898, la división Lawton toma posiciones frente a El Caney. En el camino de Caney a Guantánamo se sitúa la brigada Chafee; detrás, la brigada Ludlow; a la izquierda la batería del Capitán Capron; dos kilómetros al norte de Marianaje la brigada Miles y detrás, al este del Pozo, en la reserva, la brigada Bates. Un total de 6.500 hombres. La plaza de El Caney es una encrucijada de carreteras con forma un rectángulo. Al nordeste, sobre una colina, se encuentra el fuerte de El Viso. Las tropas españolas eran 419 soldados pertenecientes al regimiento "Constitución "; 40, del regimiento "Cuba" y 90 del regimiento "Asia”. En total eran 549 soldados, sin cañones, al mando del general Vara del Rey. Para defender el Viso estaba destacada una compañía de soldados veteranos. Mantener El Viso era fundamental. Desde esa posición se dominaba la ciudad de Caney. Si llegara a caer en manos americanas, sería imposible mantener la posición.

Empieza el combate

Con las primeras luces del alba la división Lawton comienza el ataque. Por el noroeste avanza la brigada del general Chafee; por el sudoeste la brigada Ludlow; por el sur avanza la brigada de Miles apoyados por la artillería. Los españoles aguardan agazapados en sus trincheras. Los sombreros de paja de los españoles sobresalen de las trincheras mientras apuntan con sus fusiles "máuser”. La brigada Chafee se despliega y comienza el asalto. Suena una descarga desde las líneas españolas. Las cabezas desaparecen para aparecer un minuto más tarde con una nueva descarga. Los disparos españoles los detienen. Quedan pegados a tierra sin poder moverse. El ritmo de las descargas españolas no decae. Cada minuto, una nueva descarga parte de las líneas españolas impidiendo avanzar a los hombres de Chafee. En su ayuda acude la brigada de Ludlow pero los disparos españoles causan nuevos estragos y han de pegarse a tierra para no sufrir más bajas. Los muertos y heridos americanos siembran el camino del avance. Los españoles también experimentan bajas. Sin embargo la intensidad y precisión del fuego español no disminuye. Ya han pasado con creces las dos horas que Lawton prometió a Shaffer para tomar Caney. Para quebrar la resistencia española hay que acudir a la artillería...Sus proyectiles abren grandes boquetes en los muros del Viso y baten con impunidad las trincheras españolas. Sin embargo el fuego español no decae...

A las 12 horas el fuego americano disminuye. Lawton pide al General Shaffer refuerzos y municiones. El general Vara del Rey, aprovecha para retirar los heridos y municionar a sus tropas. A las 13 horas, se produce un nuevo despliegue americano. Las tropas de la brigada Miles avanzan hacia el Viso situándose a la derecha de Ludlow. También avanza la brigada Bates. A las 14 horas, el general Lawton recibe la orden de Shafter de evitar El Caney y dirigirse a la Loma de San Juan pero el fuego español es tan intenso que impide la retirada de las tropas americanas. No queda otro remedio que ocupar Caney.

A las 15 horas la brigada de reserva se despliega a la derecha de la Brigada de Chaffee. Su intención era un ataque frontal contra la posición del Viso. A las 15'30 horas los americanos se arrojan contra el fuerte. Suben valerosamente la colina a pecho descubierto y en orden cerrado. A mitad de la colina han de detenerse y pegados al suelo, aguantan como pueden el fuego español. A las 16'15 horas, reanudan el avance. Los cañones y las ametralladoras baten las posiciones españolas en el Viso. Sus escasos defensores, casi sin municiones, se retiran en orden hacia Caney. Ponen la rodilla en tierra, disparan, retroceden unos metros, vuelven a hincar la rodilla y disparan. Las bajas no hacen decaer su fuego.

Perdido el fuerte del Viso, la posición española en Caney es insostenible. Desde la colina ocupada a las 16:30, los americanos hacen un fuego intenso. El general Vara del Rey, herido en ambas piernas y en camilla, ordena la retirada hacia Santiago, pero la brigada Ludlow les cierra el paso. Cambian la marcha y se dirigen hacia San Miguel de las Lajas sin dejar de combatir. Durante una escaramuza muere el General Vara del Rey y toma el mando el coronel Puñet. A las 20 horas los 80 supervivientes españoles llegan a Santiago. Dejan tras de sí 1500 bajas americanas...

Para entender lo heroico de este combate, que mejor que el testimonio de un hombre neutral allí presente, el agregado militar en Washington de las embajadas sueca y noruega, el capitán sueco Werster, que dejo estas palabras que han de pasar a la historia:

 

“…El 30 de junio por la tarde, el ejército americano se concentró al E. de Santiago para prepararse al ataque. La brigada Duffield se dirigió por la costa hacia Aguadores. El núcleo principal de las fuerzas formaba dos agrupaciones: en El Pozo se situaron las divisiones Kent y Wheeler con tres baterías, mientras la división Lawton, con una batería, marchaba hacia él para ocupar posición al E. del Caney. La brigada Bater constituyó la reserva, situándose al E. de El Pozo. Frente a ellos, el general Vara del Rey ocupaba El Caney con 500 hombres de Infantería; en Aguadores había 1000; en el centro el general Linares emplazó sus avanzadas, formadas por 1200 hombres, que se situaron en las alturas de San Juan, mientras que los fuertes de la entrada del puerto y los atrincheramientos que defendían Santiago quedaban guarnecidos con 5500 hombres. El 1 de julio, al punto del día, la división Lawton comienza su movimiento de avance hacia El Caney; la confianza reina en el campo americano, donde el único temor consiste en que el enemigo se escape sin combatir; pero en El Caney, como se verá, están muy lejos de pensar así. Las casas del pueblo han sido aspilleradas, se han abierto trincheras en un terreno pedregoso, y el juego de unas y otras es rasante sobre un espacio de 600 a 1200 metros; en la punta Nordeste de la posición, el fuerte de El Viso, guarnecido con una compañía, ocupa una colina desde la cual se domina todos los aproches. Los americanos se proponían envolver la posición española, para lo cual la brigada Chaffee se dirigió desde el Nordeste hacia El Viso; la de Ludlow, desde el Sudoeste hacia la desembocadura del camino que une El Caney con Santiago, mientras que una batería se colocó en posición al E. del pueblo, y la brigada Miles ocupa el S. Ducoureau (?), formando el ala izquierda. Hacia las seis de la mañana comenzó el fuego de las trincheras españolas; de improviso se descubre sobre ellas una línea de sombreros de paja; inmediatamente el ruido de una descarga, seguido de la desaparición de los sombreros; esta operación se repite cada minuto, observándose una gran regularidad y acción de voluntad firme, lo que no deja de producir una profunda impresión en la línea de exploradores americanos; las balas cruzan el aire, rasando el suelo, hiriendo y matando. Poco tiempo después, toda la brigada Chaffee se encontró desplegada, pero sin poder avanzar un paso, y la de Ludlow se vio también detenida.

 

Mientras el fuego de la Infantería aumenta progresivamente, la batería americana comienza a disparar. Como los españoles no cuentan en El Caney con un solo cañón, el fuego puede hacerse con la misma tranquilidad que en un campo de maniobras: las piezas pueden hacer daño, sin peligro alguno de recibirlo. A los pocos momentos loas granadas estallaban por encima de las trincheras, alcanzaban las casas del pueblo y perforaban los muros de El Viso, proyectando los shrapnels su lluvia de plomo sobre la posición; mas, a pesar de todo, en el fuego español se observa igual continuidad e igual violencia. Delante de El Viso se descubría un oficial paseándose tranquilamente a lo largo de las trincheras: fácil es comprender que el objeto de este peligroso viaje en medio de los proyectiles de que el aire está cruzado no es otro sino animar con el ejemplo a los bravos defensores; se le vio, de cuando en cuando, agitar con la mano su sombrero y se escuchaban sus aclamaciones: "¡Ah, sí! ¡Viva España! ¡Viva el pueblo que cuenta con tales hombres!"

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