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El precio de la lealtad

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Desde de que Aníbal Barca fuera nombrado comandante supremo de los ejércitos cartagineses en Hispania (221 a. C.) a la temprana edad de 26 años, transcurrieron dos años madurando los planes que le permitieran llevar adelante sus preparativos para garantizar el poder de Cartago en el mar Mediterráneo. Los romanos pensaban que aquel joven general no supondría un problema grave, y que no requería un esfuerzo especial. Hicieron tan poco caso de Aníbal que dirigieron su atención a los ilirios, que habían comenzado una revuelta. Los romanos ni siquiera reaccionaron cuando llegaron noticias de que Aníbal había puesto bajo asedio a Sagunto, en el sudeste ibérico… ¿Quién era Aníbal? Un desconocido a los ojos de Roma.

Aníbal había roto el tratado establecido tras la Primera Guerra Púnica. Aquí Aníbal hizo algo no muy diferente a lo que hizo la República Romana cuando se anexionó Cerde-ña, pues también se le prohibía explícitamente hacerlo, ya que Sagunto era una ciudad aliada con Roma. En el plan de Aníbal, la conquista de Sagunto es fundamental. La ciudad era una de las más fortificadas de la zona y no era buena idea dejar esa ciudad en manos de enemigos. Aníbal tam-bién esperaba conseguir un cuantioso botín con el saqueo que tendría contento a su ejército de mercenarios del norte de África, Iberia y la Galia. Las riquezas de la ciudad también servían para ser mostradas ante los ojos de sus opositores políticos a su vuelta a Cartago, Aníbal necesita-ba todo el apoyo del senado de su ciudad…al precio que fuese…incluso pagado con plata ibera…

Los cartagineses pusieron entonces sitio a Sagunto en su lucha contra Roma, la antigua Zakynthos, aunque era una ciudad que estaba al sur del río Ebro y por tanto, según los tratados, bajo la influencia cartaginesa, los romanos habían hecho un tratado preferencial con ella. Por ello, los cartagineses la sitiaron. Entonces los Saguntinos, tras algunos meses de cerco y con sus defensas exteriores batidas, pidieron ayuda a Roma, clamando para que ésta respetase lo acordado y saliese en defensa de la ciudad ante el acoso cartaginés... En el Senado romano deliberaron sobre ello y no llegaron a ninguna conclusión... Mientras tanto en Sagunto se luchaba con extremada violencia. Era una ciudad estratégica, cercana al mar, bien amurallada y provista, situada en una posición militar dominante: Roma sabía dónde ponía sus ojos. Tenía muchos habitantes y mucha riqueza, porque los saguntinos vivían con arreglo a unos principios sociales que mantuvieron aun a costa de su destrucción.

COMIENZA EL ASEDIO

Aníbal primero arrasó los campos de alrededor, y después atacó la ciudad por tres sitios a la vez. Sagunto tenía las defensas organizadas de forma que por la parte por la que se preveía el ataque, estaba más protegida y allí habían construido una torre. Además en esa zona la juventud se oponía con más fuerza al ataque de los cartagineses. Incluso hacía salidas de vez en cuando sin orden ni concierto que desorientaban a los cartagineses. En una de estas salidas el mismo Aníbal fue herido en un muslo por un venablo, y los cartagineses, al ver herido a su jefe, casi se retiraron del todo, abandonando las obras de asedio

Al principio la batalla estuvo indecisa. Los saguntinos man-tenían su esperanza, mientras que los cartagineses estaban desanimados porque no vencían con la facilidad con la que habían pensado hacerlo. Los sitiados hacían salidas inesperadas que obligaban a los sitiadores a emprender la huida. La guerra continuaba con distintas alternativas, pero con el transcurrir del asedio se vio que los defensores tenían las de perder por muy valientemente que se portaran. La maquinaria de guerra cartaginesa, además de la gran cantidad de sitiadores fue poco a poco acabando con las fuerzas y los soldados de los defensores. La guerra se reinició con más violencia, ya que Aníbal puso en acción toda la carne en el asador: el ejército de infantería, las galerías y minas, los arietes... se dice que había 150.000 hombres rodeando la ciudad.

Los defensores se multiplicaban pero no daban abasto para detener a los asaltantes. Ya la ciudad estaba casi en ruinas y los cartagineses creían que ya estaba conquistada; pero en ese momento los saguntinos lanzaron un ataque a la desesperada, como el que se suele tener cuando alguien defiende sus últimos reductos: casa por casa y calle por calle. No había espacio para un ejército organizado. De esta forma los saguntinos aguantaban y echaban de la ciudad a los cartagineses, lo que producía desesperación en ellos, mientras que los defensores cobraban nuevas esperanzas. Los carta-gineses estaban convencidos de que si se esforzaban un poco conseguirían apoderarse de la ciudad, pero los saguntinos oponían una resistencia desusada: no podían retirarse, y reponían las murallas con los cuerpos de los caídos. Luchaban cuerpo a cuerpo, tan cerca unos de otros que apenas podían usar las armas.

GUERRA CRUEL

Los fieros saguntinos todavía usaron un procedimiento de lucha que les dio cierto respiro. Usaban una especie de lanza, la "falarica", que era de madera, con la punta de hierro. A ésta la cubrían con estopa mezclada con pez, lo que la hacía inflamable, y la prendían fuego. El hierro de esta lanza tenía tres pies de largo, para que pudiera atravesar fácilmente el cuerpo del enemigo, pero, aun cuando se quedara clavada en el escudo, producía el espanto de los cartagineses, porque, como estaba encendida la estopa, el fuego se propagaba por la made-ra. El cartaginés, para no quemarse, no tenía otro remedio que despojarse de sus armas y huir desnudo, lo que le hacía más vulnerable a los golpes de los perseguidores... ni aun así consiguieron detener las feroces acometidas de los furiosos cartagineses. La derrota fue clara... el enemigo abrumador...

Dos personas se decidieron a tratar las condiciones de paz con Aníbal. Uno era saguntino y se llamaba Alcón. El otro era Alorco, un hispano que tenía cierta amistad con los cartagineses. Alcón fue a tratar con Aníbal las condiciones de paz sin que lo supieran los Saguntinos... Las condiciones eran draconianas: Los saguntinos tenían que abandonar la ciudad sólo con lo puesto, dejando tras de sí todo lo que tenían, si es que querían conservar la vida. Alcón pensó que si volvía con esta misiva a los Saguntinos éstos le darían muerte, y por eso se convirtió en desertor y se quedó con Aníbal. Entonces Alorco se ofreció a ser el mensajero de las condiciones de paz. Llegó a Sagunto, y rodeado por la población, dijo: "...Vuestro mensajero se ha quedado con Aníbal, y por eso vengo yo a deciros que hay posibilidades de paz y salvación para vosotros. Mientras teníais esperanzas de la ayuda romana yo no quise intervenir; pero ahora no os queda otra solución que poneros en manos de Aníbal. Si no aceptáis va a ser peor, porque el cartaginés entrará por la fuerza y no dejará títere con cabeza. Si sacáis algo, eso que tenéis; si no, lo perderéis todo. Dice Aníbal que salgáis de la ciudad, que, por otra parte, está casi toda destruida, y que él ya os dirá dónde podéis edificar una nueva. Tenéis que entregarle todo el oro y la plata, tanto lo público como lo particular. No os matará, ni a vosotros ni a vuestras mujeres ni a vuestros hijos, pero tenéis que salir de la ciudad sin armas y, como máximo, con un vestido de recambio. Estas condiciones son duras, pero no os queda otra alternativa. Pienso que esto es mejor que ver cómo vosotros mismos con vuestras mujeres e hijos sois apresados, sometidos a tormento, violados y, por último, muertos..."

La multitud quedó estupefacta... De repente los gobernantes de la ciudad y el senado en pleno trajeron a la plaza todas las riquezas, y amontonándolas les prendieron fuego. Luego se echaron ellos mismos a la pira... Ésta fue la respuesta que dieron al ejército sitia-dor... En ese momento entró Aníbal con los suyos cogiendo desprevenida y sin mandos ya a la población, batidos los saguntinos, diezmados, dio entonces la orden de que todos los jóvenes en edad militar fueran pasados a cuchillo. Sin embargo quedaban pocos con vida, porque la mayoría prefirió meterse en sus casas con sus mujeres e hijos y prenderse fuego tras darles muerte; otros se lanzaron contra las tropas enemigas de tal forma que la orden apenas si se pudo cumplir... A pesar de todo los cartagineses lograron un gran botín... a costa de la sangre de los sitiados. Aníbal por fin conquista Zakynthos… Este fue un grave error de estrategia romano en Iberia, los cartagineses tenían ahora relativamente cerca de Roma a pie, una excelente base de abastecimiento y un seguro puerto de mar… Corría el año 218 a.C. y éste fue el inicio de la Segunda Guerra Púnica…

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